Cara a cara con el ídolo

Publicado por Cristian Arcos el 11/01/2010 en Al hueso |Invitados |Lo más memorable

Tenía siete años. Ocho a lo sumo. Semana a semana, acudía al estadio La Granja a ver a mi querido Curicó Unido. Como mi abuelo era dirigente del club, tenía algunas prebendas: varias veces entré a la cancha con el equipo, después de los pleitos podía ingresar al camarín y ver de cerca de los jugadores, frecuentemente viajaba a provincias en el bus del plantel. Sin temor a equivocarme, creo que conozco todos los estadios de la segunda división del fútbol chileno.

Pero hasta ese día, nunca me había atrevido a saludar a Luis Martínez. El delantero era el máximo ídolo de la parcialidad albirroja. Un ariete incontrolable. En mi memoria, poseía la habilidad de Romario, la zurda de Salas, la gambeta de Alexis y la definición del Chupete. Para mí, Luis Martínez era de otro planeta. Seguramente dirán que exagero, que es un recuerdo de fanático. Tienen toda la razón. Era y soy fanático.

Gentileza de Memoria Albirroja

Ese día me lo encontré en la calle Merced, a pasos de la sede del club. Yo iba con mi papá cuando lo vi venir, irremediablemente, en mi dirección. Lucho Martínez vestía jeans celestes y una polera azul. Para mí era extraño verlo con ese atuendo, pues sólo lo conocía con la camiseta blanca y roja de mi Curi querido.

Saludalo, me dijo mi papá. Los segundos fueron eternos. Estaba a menos de un metro de mi ídolo. Apenas murmuré un hola, un saludo tenue, como queriendo que no me oyera. Pero me escuchó. Me respondió y con su mano derecha desordenó mi cabello, para seguir su marcha. Un encuentro de segundos que para el máximo anotador en la historia del Curi pasó inadvertido, pero que para mí fue tan perpetuo que hoy motiva esta columna. De más está decir que casi me hice en los pantalones y que esa tarde y la siguiente y la siguiente y la siguiente, le conté a quien se me cruzara que Lucho Martínez me había saludado.

Hay pocas cosas más inolvidables para un niño que el encuentro cara a cara con su ídolo. Mucho más que la graduación del colegio, mucho más que la primera comunión, mucho más que el primer día de clases. Sólo cuando nuestra biografía nos lleva al capítulo de los primeros amores, este recuerdo puede pasar a un lugar secundario, aunque jamás enterrado.

Años después, muchos años después, cuando ya era periodista, cuando ya trabajaba en televisión, cuando ya repetía cada vez que podía mi fanatismo por Curicó Unido, mi amigo el periodista Leo Salazar (tremendo periodista), me invitó a presentar su libro sobre la historia de nuestro querido club. Un trabajo espléndido. La presentación no fue como las formales, sino que en el vetusto cine de la ciudad. Y la hinchada de Curicó, “Marginales”, repletó el lugar, con banderas, canciones, bombos. Era como estar en la galería de un partido. De pronto, el animador de la velada, nos comienza a presentar a todos. Camina por los pasillos y se detiene. Y le pide a un señor que se ponga de pie. Era Lucho Martínez. Quienes me vieron, dicen que volví a recuperarla expresión de niño. Me llevé las manos a la cabeza. Luego me puse de pie y comencé a reverenciar a la distancia a mi ídolo máximo. El público comenzó a corear su nombre. El crack, tímido, levantó apenas su mano derecha. Juraría que estaba llorando.

Gentileza Memoria Albirroja

Cuando me tocó el turno de hablar, le dediqué la presentación a mis abuelos, quienes me llevaron al estadio de niño y le hablé directamente, desde el escenario a Lucho Martínez. Le dije que él era responsable de mi pasión futbolera y que soy periodista por su culpa, por la tarde en que le hizo cuatro goles a Calera, cuando le hizo uno de tijera a la Católica en Santa Laura, los dos a Rangers en Talca, por culpa de su festejo, encaramándose a la reja, cuando los futbolistas podían salir de la cancha sin ser amonestados. Le pedí, le rogué, le supliqué, delante de toda esa gente, que me firmara el libro. Aún es el único autógrafo que tengo.

Cuando terminó la presentación, se acercó a mí. Lo vi venir y me puse tan nervioso como a los siete años. Esta vez no me tocó la cabeza, sino que me dio un abrazo largo, que retribuí emocionado. Le dije que lucharía porque algún día, el estadio de Curicó llevara su nombre. En eso estoy.
Un cara a cara con mi ídolo que jamás podré olvidar. Ese día lo tengo protegido en un cofre inmaculado, porque fue la última vez que vi a mi abuelo con vida. Lo vi orgulloso cuando un cine lleno de gente me regalaba aplausos que no merezco.

Gentileza de Rockdriguezzz

Cristian Arcos

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El autor: Cristian Arcos

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11 comentarios
  1. Pedro

    Enero 11, 2010 a las 12:41

    Excelente relato de Arcos respecto a su gran ídolo. Toca la fibra el hecho que son estas personas las que a uno lo marcan de alguna o forma u otra para lo que seremos a futuro. Me imagino a un colocolino con Caszely o Chamaco, un hincha de la cato junto al Sapo o un chuncho viendo pasar a Leonel… Y podemos multiplicar los casos por cada equipo existente en este país o para los viejos que vieron jugar a Pelé en los cuadrangulares del Nacional, o se maravillaron con Garrincha el ’62, simplemente con verlos. Eso es el fútbol, son goles pero también son los jugadores, las personas que logran trascender.

  2. José Urzúa

    Enero 11, 2010 a las 14:52

    Notable relato. Felicitaciones Cristian.

    Si me lo permiten, les comentaré algo que me sucedió hace poco tiempo en el Estadio Monumental. Antes, un poco de historia:

    Soy hincha de Colo Colo desde que tengo memoria, crecí en un pueblo de campo en la sexta región y escuchaba con mi abuelo (que estaba ciego) los partidos y noticias, mi papá me llevaba al estadio El Teniente cuando O’higgins recibía a Colo Colo. Hasta que en el 1997 logré entrar a estudiar una carrera universitaria en Santiago, esa fue mi oportunidad de poder ir al estadio, fue al Monumental a casi todos los partidos de 1997 y 1998, ahí donde se siente el partido, al medio de la Garra Blanca. En ese momento nació un ídolo para mi, mandaba dentro de la cancha, un ejemplo de orden, buena ubicación, pases, despliegue, remates de media distancia, golazos, canchero, etc, etc. Era Marcelo Espina que había llegado en 1995 a Colo Colo.
    El campeonato de 1998 tuvo un sabor especial, se llegaba a la última fecha con una diferencia de 1 punto con la U, la U jugó el sábado y ganó, por lo que a Colo Colo solo le servía ganar para campeonar, estábamos empatados hasta que el Murci marca el 2-1 a pocos minutos del final, luego la celebración y me quedó marcado ver a Marcelo Espina sentado en el travesaño del arco, frente a la garra blanca, casi desnudo celebrando con nosotros. Similar imagen tuve el 2002, cuando con la quiebra del club en la espalda se logró el campeonato, de nuevo de la mano del gran capitán. Ambos campeonatos son los que más sentí, junto con ganar la final al archirrival.
    Nunca tuve un encuentro como el que relató Cristián Arcos hasta la final del campeonato de clausura del 2008, con mi señora nos dimos el lujo de ir al sector “Rapa Nui” (el único sector que me faltaba conocer del estadio), faltaban unos 20 minutos para el inicio del partido cuando mi señora me dice: “Mira, llegó Espina!”, en un segundo pasaron todos esos recuerdos por mi mente, los goles, la celebración con el banderín frente a la U, etc, etc, quedé congelado, con un sentimiento de emoción que no podía contener. Llegó con un hijo y se sentó muy cerca nuestro, mi señora no entendía porque no lo iba a saludar, o pedirle una foto, o pedirle que me autografiara mi camiseta de Colo Colo de 1998. No pude, solo me limité a mirarlo, si lo saludaba habría roto esa línea que separa a los jugadores normales con los ídolos, quería que Marcelo Espina siguiera estando en el nivel de ídolo, quise dejarlo tranquilo, en mi interior siguieron rondando todos los recuerdos de tantos años. Ese día Colo Colo salió campeón, ganó 3-1 a Palestino, fue el día en que menos grité los goles y que menos estuve concentrado en el partido, todo culpa de este gran ídolo. Gracias Marcelo Espina.

  3. Karems

    Enero 11, 2010 a las 15:22

    Notable relato, grande Curico – Unido.

  4. danielapaz

    Enero 11, 2010 a las 16:07

    Notable. Lejos, una de las mejores y más emotivas columnas que he leído durante mi corto paso por el mundillo periodístico. Claro, espero encontrarme con muchas más maravillas parecidas a esta.

    ¡Felicitaciones Cristián! Sos un crá…
    Danny9

  5. william wallace

    Enero 11, 2010 a las 18:15

    cristian arcos ,quien es tu idolo ? ………..de donde es? ……..
    por favor subamos el nivel

  6. Cristian Arcos

    Enero 11, 2010 a las 18:59

    Don William Wallace, ud no entendio nada de lo escrito. Absolutamente nada. Es futbol es de esas pasiones que no se explican y que no esta ligada a resultados. Ud cree que Curico me gusta porque es como el Manchester? de verdad, no entendio nada. Y si quiere reventar gente, firme con su nombre. Por favor, subamos el nivel.

  7. william wallace

    Enero 13, 2010 a las 14:32

    Dn cristian de que pasión me habla si le equipo y el ídolo que Ud nombra lo conoce Ud y 2 mas

  8. Ego Ipse

    Enero 13, 2010 a las 14:51

    Don William Wallace, le sugiero un diccionario. En ninguna parte el término “pasión” supone masividad. Al contrario….

  9. Rodrigo

    Enero 13, 2010 a las 18:09

    el que diga que Curico Unido no tiene historia, no sabe el significado de la palabra historia… grande Arcos, Luis MArtinez, idolo de los curicanos.

    Wallace amargado de mas al sur apuesto..
    La Colonia de Concepcion-Curico Unido

  10. Cristian Arcos

    Enero 15, 2010 a las 00:07

    Don Wallace, firme con su nombre.,,,subamos el nivel….y la pasion no es sinonimo de masa…veo que ud era seguidor de mekano, entonces

  11. william wallace

    Febrero 8, 2010 a las 14:10

    Sr arcos y rodrigo Uds son los que no entienden ya que si su “idolo ” solo lo conoce Ud y 2 mas.no lo haga público ya que los verdaderos guerreros no necesitan de tanta parafernalia personal.-





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